​Sissy that walk…

El tema sobre el que hablaremos esta semana es complejo, Le he dado vueltas en mi cabeza al menos un millón de veces. Desde la ocasión en que no reuní el valor para escribir sobre él y posponerlo por casi un mes. La razón principal es que no quiero que se llegue a malinterpretar lo que digo y se llegue a confundir con discriminación. Sin embargo, no he abandonado el tema porque creo que es algo de lo que no se habla y necesita voz.

Hemos dicho casi hasta el hartazgo que si eres hombre, blanco, cisgénero, heterosexual y por lo menos de clase media, tienes el mundo a tus pies debido al privilegio masculino. No cubrir todos los requisitos no significa la pérdida del privilegio solo significa que habrá que sobrecompensar en otros rubros.

El hombre tiene privilegios por el hecho de nacer hombre, no importa si ese hombre es gay. Efectivamente a este hombre gay el mundo no se le pone a sus pies a la primera porque no cubre los requisitos del ideal masculino, la misoginia también existe en la comunidad gay.

Desafortunadamente ellos también son educados en la cultura heteropatriarcal donde las mujeres seguimos siendo vistas como objetos utilitarios. Ser gay no los exime mágicamente de pensar que lo femenino es negativo y los hombres con cualidades femeninas son vistos como si fueran de segunda. Ser gay no nos vuelve aliados automáticamente ni siquiera dentro del mismo arco iris.

El mercado rosa está dedicado a abrir espacios, negocios y medios para ellos. Una de las razones principales es porque se considera que son ellos quienes tienen el poder adquisitivo. ¿Cuántos espacios exclusivos para lesbianas conocen? Lo cierto es que las mujeres queer se ven relegadas a un día entre semana para tener un espacio exclusivo. En cambio los hombres gay tienen acceso a espacios exclusivos o aquellos que principalmente funcionan de acuerdo a las necesidades de sus clientes gay, y que permiten compartir los espacios con el resto del espectro del arco iris.

Sin embargo, creo que la parte más importante donde necesitamos hacer hincapié con los hombres gay es en el consentimiento. El tocar a una mujer sin su consentimiento no está bien, no importa si no la están tocando de manera sexual.

Necesitan asegurarse que la mujer a la que van a tocar quizá mientras bailan necesita estar de acuerdo con ser tocada. El otro punto es la repulsión hacia lo femenino, hay muchos hombres gays que se consideran Sissy Boys (como reapropiación del término ya que sissy era un término peyorativo para hombres aféminados)  y se sienten discriminados por actitudes misóginas. Piénsenlo bien antes de actuar bajo las reglas del heteropatriarcado que también los limita y critica. Podemos ser aliados y trabajar juntos en una nueva construcción de una masculinidad más incluyente, en un mundo más incluyente donde no tengamos que cumplir una lista de requisitos que nos definan.
Esther Strange 

La teoría queer

Tenemos la mala costumbre de ponerle etiqueta a todo, y tal pareciera que las cosas que no entendemos, son difíciles de etiquetar, de entender, de comprender.

Nos gusta estereotipar todo y agruparlo, y lo que no entra en esos conceptos alguien decidió que es “raro”.

La palabra queer, como adjetivo es entendido como ‘raro’, ‘torcido’ o ‘extraño’ y  su contraparte se define como straight, que significa “de­recho” o “heterosexual”.

¿Pero de verdad le tenemos que poner título a algo?

Yo desde aquí reconozco a las personas, queer o no, que diariamente tienen que luchar contracorriente, que tienen que vivir dándole explicaciones a todos los que intentan que encajemos en un concepto.

Hoy más que nunca, yo celebro la diversidad.

 

 

 

 

Rainbow roots

2e4fdcc61a5cb5195883b386c00780d1Hace un rato leía a una mujer transgénero quejarse sobre las Feministas Radicales Trans Exclusionistas (TERFs) y sobre el privilegio de ser cisgénero. Considero que el feminismo del que parto es interseccional, y mi condición de mujer blanca cisgénero es efectivamente un privilegio.

No solo eso, mi condición de mujer queer también es un privilegio y vivo mi pansexualidad desde el privilegio de ser una mujer blanca, cisgénero, queer, casada con un hombre cisgénero y heterosexual. No me había dado cuenta a qué grado llegaba el privilegio hasta el día en que escribí el siguiente texto a manera de protesta por el feminicidio de Lesvy en la UNAM y la manera como fue manejado el caso:

#Simematan seguro va a ser por puta, por salir a la calle sin mi marido. Por usar vestido y medias, por andar maquillada, porque lo estaba buscando por usar escote, por no estar titulada, por andar de revoltosa, por ser feminista, por ser independiente, por tener 34 tatuajes, porque quizás le sonreí al asesino y lo confundió con coquetería, porque es mi culpa que el ser amable se confunda con coquetería, porque no me quedé callada, porque una mujer decente no sale después de la ocho fuera de casa sin su marido, porque me gustan las mimosas con el almuerzo, porque me bebí una cerveza de la botella, porque salí a divertirme o no sin mi marido, al final de todo es por ser mujer y por puta, sobre todo por puta. Eso dicen los medios, ¿no?”

Omití ser queer, no lo noté hasta que lo releí y decidí editarlo. Ser pansexual no es todo lo que soy es verdad, tampoco es el eje central del feminismo que construyo, donde aprendo, reaprendo, desaprendo, deconstruyo y me reconstruyo a mí misma. Es una característica más como el color avellanado de mis ojos. Sin embargo, para muchas de mis amigas su orientación sexual es parte de lo que las define y de lo que ha construido su historia.

Eso no quiere decir que no haya sido discriminada o señalada como minoría. He perdido la cuenta de las veces que me han dicho que estoy confundida con respecto a mi orientación sexual, que me han buscado solo para un trío, o que me han dicho que soy promiscua cuando me consideraba bisexual, cuando definí que en realidad era pansexual, de confundida y promiscua pasé a puta, y como el solo hecho de ser mujer y ejercer mi sexualidad como mejor me plazca ya me hace puta, creo que me lo tomé con una cucharada de sarcasmo y dos de azúcar.

Lo cierto es que el hecho de estar en una relación monógama, con un hombre cisgénero heterosexual no me vuelve mágicamente heterosexual. De igual manera me siento atraída a algunas personas sin importar su género u orientación sexual, solo decidí vivir mi vida con este hombre maravilloso porque es la persona que amo.

Sin embargo, sé que vivir mi pansexualidad desde esta relación es un privilegio, por eso creo que no lo sentí como una de las razones que usarían para justificar el ejercicio de mi supuesto asesinato, porque la razón principal sería por puta, puta por salir sin mi marido, puta por maquillarme, puta por sonreír, puta por mi sexualidad, por eso lo omití.

Es necesario recordarme que es un privilegio que cuando me ven tomada de la mano de mi marido no me malmiren por manifestar mi afecto hacia la persona que amo, que no tengo problemas para hacer trámites legales que involucren a mi esposo, que nadie se cuestione nuestros roles en la relación, que no nos hagan preguntas invasivas sobre nuestra intimidad.

Es necesario porque si lo pierdo de vista estoy traicionando la interseccionalidad de mi feminismo, pero aún más importante estoy traicionándome a mí misma, ya me llevó mucho tiempo aceptar quien soy y quererme así, para negármelo a mí misma por comodidad u omisión. Sigo siendo parte del arcoíris.

Esther Strange

No me llamo Penny Lane, mi nombre es Lady Goodman

The convenient thing about being a magical woman is that I can be gone as quickly as I came. 1

Manic Pixie Dream Girl (MPDG) es un arquetipo cinematográfico, el término fue acuñado por el crítico de cine Nathan Rabin, es un personaje femenino que existe para inspirar al protagonista frecuentemente melancólico o deprimido, a abrazar la vida y seguir con su camino.

Hear that? That’s the sound of you becoming a better person.2

MPDG es una mujer imposiblemente bella, que no se esfuerza, es tan extravagante y adorable como despreocupada, desligada, nada le afecta. Existe para ayudar al protagonista a encontrar su propio potencial, su hambre por la vida, su habilidad de madurar. Ella se desdibuja mientras él crece. Al final de la película ya ni siquiera la recordamos, porque al ser una mujer mágica puede desaparecer tan rápido como apareció.

Manic pixie dream girl says I’m going to save you.3

Ojalá esto se quedara en un arquetipo cinematográfico, ya es bastante malo ver mujeres diluidas en la trama, ser utilizadas como escalones, minimizadas, apenas nombradas, dejadas en lo anecdótico, casi de burla porque lo que las hace adorables también las hace objeto de burla, porque son pequeños caprichos y excentricidades. Mientras ella se disuelve, él toma fuerza; lo que es odioso en ella, es una virtud en él.

Ella lo hace mejor persona, pero no a su lado, de lejos; ni remotamente debemos pensar que ella es una persona con sueños, deseos, esperanzas, apenas asomarnos a ese instante de vulnerabilidad donde ella parece convertirse en algo más que un pasamanos o un camino amarillo para que él llegue al otro lado. Apenas sí, pero no del todo, porque lo que ella es se refleja en él. Porque si ella se vuelve humana se pierde el interés y se convierte en cualquier otra chica.

Ya es bastante malo ver a una mujer ser un objeto utilitario en el camino del héroe, que se desvanece cuando él llega a su destino y se convierte en una persona completa por primera vez, como despertar de un sueño.

But this isn’t about me!4 

¿Cuántas veces hemos escuchado? “Detrás de un gran hombre existe una gran mujer.” Uno creería que el arquetipo cinematográfico solo es un sueño guajiro de un guionista hombre con poca visión e imaginación, sin importar cuantas veces lo vuelvan a filmar y a vendérnoslo hasta el hartazgo. También en el día a día debemos estar ahí para atender y hacer mejores personas a los hombres de nuestras vidas. Tras bambalinas, claro no vaya alguien a acordarse de que eres más que una agenda, objeto decorativo, contestadora, entre otras muchas tareas para que él pueda salir al mundo y robarse la escena, la película, la vida. Nos enjaretan el discurso a cucharaditas amorosas y deberíamos saber hacer desde el nudo de la corbata hasta la cena maravillosa para el jefe. Sin robar el foco por favor.

Let me build myself smaller than you, let me apologize when I get caught acting bigger than you5.

La mujer detrás del hombre exitoso no puede ser de ninguna manera mejor que él, no puede salvarlo para redimirse, tiene que salvarlo para estar tras la cortina, donde nadie o casi nadie recuerde su existencia, no puede ser más simpática, más inteligente o más exitosa, ni siquiera puede ser demasiado bella. Él es todo lo que importa, ella no debe ser memorable, apenas para que él tenga sentido y veamos que es humano.

“I’m not a concept. Too many guys think I’m a concept or I complete them or I’m going to ‘make them alive’…but I’m just a fucked-up girl who’s looking for my own peace of mind. Don’t assign me yours.”

Esta cita de Charlie Kaufman de Eternal Sunshine of the Spotless Mind destruye el arquetipo. No soy un concepto, no existo para salvarte, mis excentricidades no existen para que tú te veas mejor, quizá sea un desastre, pero mi vida no gira en torno a que tú seas una mejor persona, estoy construyéndome a mí misma y es todo lo que puedo manejar ahora. Tu salvación no está en mis manos. Obviamente no es una traducción literal es una interpretación libre. Hubo quien quiso que tuviera el rol de una MPDG y los salvara y los hiciera una mejor persona desde las bambalinas desdibujada y casi inexistente, pero el arquetipo nunca fue para mí. La única salvación que está enteramente en mis manos es la propia y soy protagonista de mi propio destino, no necesito ser invitada a ser un poco memorable papel de reparto.

1,2,3,4  Manic Pixie Dream Girl Says, New American Best Friend, Olivia Gatwood,

Esther Strange

 

 

Manterrumping ¿exclusivo de los hombres?

Todos hemos sufrido la incómoda situación en la que estás diciendo algo y alguien te interrumpe para completar tu relato, o corregirlo o simplemente ni te está prestando atención y quiere imponerse.

He de confesar, que como muchos temas de los que me ha tocado escribir en este espacio, no estaba familiarizada con el término “manterrumping” ,una expresión para definir la interrupción innecesaria del discurso por parte de un hombre a una mujer

Pero, por favor no me juzguen, pienso que esto se da de igual medida tanto en hombres como mujeres, y creo también que más allá de un tema sexista o de superioridad, es cuestión de la necesidad de atención que tenemos algunas personas.

Por ejemplo, yo soy muy de esas que interrumpe para contar las cosas a mi modo porque siempre creo que yo lo cuento mejor, o yo sí me acuerdo, o yo soy la que tengo razón.  Una opinión equivocada, pero la verdad es que tengo “attention issues”

Siendo sincera, y desde mi perspectiva, nunca he sentido que un hombre, por el simple hecho de serlo se quiera imponer en alguna plática, así que en esta ocasión lo único que puedo es emitir mi opinión y comprometerme a respetar el discurso de cualquier persona, y por su puesto, esperar mi turno para hablar.

Manterrupting

wont_be_silenced_app_2Me topé con el neologismo manterrupting navegando por internet para ser precisos en una página de diseño y me llamó la atención porque siento que se complementa y se nutre del mansplaining, sin embargo, no son la misma cosa. También me llamó la atención que existiera una campaña de visibilización y erradicación de la práctica y que hasta existiera una app.

Manterrupting tal como suena es una expresión inglesa para definir la interrupción innecesaria del discurso por parte de un hombre a una mujer, y pasa todo el tiempo en la escuela, en el trabajo, en los mismos conversatorios para mujeres.

Desafortunadamente las mujeres estamos acostumbradas a ser interrumpidas por una voz con más autoridad que la nuestra, y sucede desde que somos pequeñas. Alguien más se lanza a contar la anécdota que tímidamente comenzabas a contar y estamos acostumbradas a dejar que suceda sin poner un alto y volver a tomar la palabra. En un estudio del 2014 de la Universidad George Washington descubrieron que las mujeres en el estudio son interrumpidas por hombres 2.1 veces durante una conversación de 3 minutos. En otro estudio de la Universidad de California- Santa Bárbara encontraron que 47 de 48 interrupciones en una conversación eran hombres interrumpiendo mujeres.

Entiendo que a veces no nos guste ser el centro de atención, pero las voces de todos merecen ser escuchadas, al menos es lo que la app Woman Interrupted nos dice en la descripción de su app Equal rights start with equal voices (La igualdad de derechos comienza con la igualdad en las voces). La app se enciende al inicio de la conversación y lleva una bitácora de cuantas veces a lo largo de la junta o reunión las voces femeninas son interrumpidas por voces femeninas. La intención de la app no es grabar sonido, solo llevar la contabilidad, de manera en que se pueda hacer evidente la frecuencia y la naturalidad con que sucede.

Los hombres están tan acostumbrados a que sus voces sean escuchadas que muchas veces no se dan cuenta de que ejercen esta práctica de manera sistemática. Mi marido me preguntaba el día de hoy si él incurría en esta práctica y le dije que conmigo no lo hacía. Sin embargo, si llega a ejercerla en algunas ocasiones. Hace algunas semanas se llevó a cabo un conversatorio en honor al día de la mujer, la convocatoria estaba organizada por una mujer hacía un público mayoritariamente femenino donde todo estaba planeado de manera que las voces de las mujeres participantes fueran las protagonistas. Mi esposo llegó a interrumpir a alguna de las compañeras para dar su punto de vista. Se lo hice saber y creo que en adelante será más fácil que lo haga consciente de manera cotidiana.

Espero que muchos hombres en nuestras vidas estén dispuestos a hacerlo consciente también de manera en que compartamos verdaderamente el espacio y las voces y logremos espacios diálogo y discusión que sean verdaderamente incluyentes.

Esther Strange

La presión de ser bonita

El otro día, estuve filosofando muchísimo sobre los estándares de belleza que la mayoría de las mujeres sentimos que debemos de cumplir. Quizá lo empecé a pensar porque vi un video en Facebook de cómo una chava procuraba despertar antes que su pareja, para lavarse los dientes, maquillarse para lucir unas cejas y unas pestañas de ensueño y volver a recostarse en una posición ideal para que el chico la viera perfecta ¿En serio?

Como menciona Esther en su columna, la presión por ser bonita nos la inculcan desde chiquitas, con frases tan destructivas como, en muchos casos, inocentes que escuchamos a lo largo de toda nuestra vida.

Y no conforme con toooda la presión social que recibimos para ser bellas como una cuota que tenemos para sentirnos “más mujeres” a mí me parece muy grave la que nos imponemos, tanto para nosotras, como para otras mujeres. Y es que simplemente lo que no encaja en los estándares que la moda dicta, está mal. Juzgamos y nos compadecemos de lo que no es “bonito” y entonces desencadenamos tristeza, frustración, baja autoestima y sabotaje. No nos es permitido tener un mal día, no tener un cabello algo menos que perfecto, ni no vestir como la moda lo dicta; no está bien salir en pants o de cara de lavada a menos que tengamos un rostro y una piel de modelo de revista, por que “Dios nos libre de las mujeres fodongas” (sarcasmo) No, no es justo y no es sano presionarnos como lo hacemos.

Usar maquillaje, extensiones o una faja no está mal, lo que debemos pensar es el motivo por el cual lo hacemos. Yo personalmente me cansé de luchar contra lo que soy y frustrarme por lo que no soy,  y desde ese momento soy un poco más feliz.